Inspiración

El Síndrome del Impostor y la Policía del Fraude

“La Policía del Fraude es la fuerza imaginaria y terrible de adultos “reales” que creemos —en algún nivel inconsciente— vendrán tocando tu puerta a mitad de la noche, diciendo: Te hemos estado observando, y tenemos evidencia de que NO TIENES IDEA DE QUÉ ESTÁS HACIENDO. Estás acusado de cometer el crimen de improvisarlo todo por completo, eres culpable de inventar mentiras para salir del paso, no mereces en realidad tu trabajo, nos estamos llevando todo y le VAMOS A DECIR A TODO EL MUNDO”. Amanda Palmer, El Arte de Pedir.

El Síndrome del Impostor y la Policía del Fraude. La mera mención de sus nombres me hace temblar de miedo. Y es que sentirme como un impostor me arroja a las sombras, me impide hacer mi mejor trabajo, me obliga a vivir bajo el miedo de “ser descubierto”; siendo menos de lo que la gente piensa que soy.  No fue hasta que leí esta cita de Amanda Palmer, sobre su miedo a que la gente descubriera que ella en realidad no era una artista, que descubrí que no era el único que se sentía de esa forma.

Si a Amanda Palmer le cuesta, entonces el Síndrome del Impostor es un problema real y casi todas las personas lo enfrentan en algún momento de sus vidas. Sin importar cuán seguro me sienta como un profesional o cuánto tiempo he estado desempeñándome en mi trabajo, en ocasiones me siento como un completo fraude. Quizás, como a mí, te suceda lo mismo. Quizás hayas escuchado que eres mucho mejor de lo que te imaginas ser, que no existe ningún problema en lo absoluto y que te estás engañando a ti mismo. En esta ocasión, quiero tomar en serio al Síndrome del Impostor y al miedo a la Policía del Fraude, y descubrir cómo prevalecer a pesar de ellos.

Considera otra perspectiva

Recientemente mantuve una conversación con una amiga que estaba pasando por una etapa depresiva en su vida. Ésta se sorprendió cuando le confesé que tengo proclividad hacia la depresión. Puedo garantizarles que en muchas conversaciones sueno como un súper humano que nunca procrastina o es flojo… nada más alejado de la verdad. Pero es lo que la gente oye porque eso es lo que les dejo oír. No es de extrañar que me sienta como un impostor luego.

La razón por la que nos sentimos como impostores es porque conocemos nuestro “yo” real en contraste con la perspectiva de que las demás personas tienen de nosotros. Honestamente, parte de esto es nuestra culpa. Mostramos sólo una parte muy precisa de nuestras vidas: la que queremos que vean, la mejor versión de nosotros mismos. Hacemos creer que esa es toda la historia de quienes somos. Es por eso que nuestros perfiles de Instagram o Facebook tienen poco que ver con nuestras vidas reales. En ellos publicamos sólo lo mejor de nuestras vidas, sólo lo que queremos que los demás vean.

He aprendido que debo decir la verdad, que debo compartir los problemas junto con los principios: Sí, soy muy productivo en las mañanas, y aunque siempre defenderé las rutinas de las mañanas y una buena higiene al dormir, mis mejores trabajos han sido productos de noches insomnes.

Transforma el problema con una sonrisa

Aun cuando nos abrimos y compartimos nuestros problemas o dificultades podemos parecer impostores. En una charla, un asistente me pidió que describiera cuando había usado las herramientas que proporcionaba en la charla. Compartí el momento en que, comenzando como profesor de clases privadas, tuve que negociar mis tarifas profesionales con un alto ejecutivo. Daba la impresión de ser indiferente al problema, aunque había sido una dificultad merecedora de recurrir a un terapeuta que me diera herramientas para combatir con mi miedo y mi ansiedad, lo hice sonar más como un riesgo a perder una excelente oportunidad de trabajo.

No siempre soy completamente abierto porque tengo miedo de que las personas piensen menos de mí. No quiero destruir la percepción que se han creado ⎯con mi ayuda⎯ de mí. Es ahí cuando el Síndrome del Impostor ataca de nuevo.

He aprendido que cuando comparto mis dificultades está bien mostrarse vulnerable. Sin embargo, no todos deben saber cada pequeño detalle. No porque haya confesado que tengo proclividad a la depresión todos deben saber que me despierto a la mitad de la noche con la sensación de que estoy solo en el mundo, y que nadie me ama o me amará jamás y que nunca tendré una noche de sueño decente y que pasaré el resto de mi vida errante en un paisaje sin amor deseando desesperadamente que mis circunstancias mejoren, pero sospechando, en lo profundo de mi corazón, que permaneceré sin amor para siempre… Ok… Quizás haya exagerado para hacerte entender mi argumento y reír de forma nerviosa. Sólo porque me reservo algunos detalles no significa que estoy siendo falso.

El Súper Síndrome

Hace poco vi una entrevista que le hicieron a Robert Downey Jr. donde describía su estilo de vida. En la entrevista, el actor decía que su vida podía ser un poco alocada. Podía pasar todo el día entre grabar una película de acción a tomar un helicóptero para alcanzar una entrevista. En ese momento tuve la impresión de que Robert Downey Jr. es realmente Iron Man. A continuación le preguntaron cómo era su vida en su casa. El actor confesó con una sonrisa: “¡Bueno, cuando estoy en casa nadie dice cosas como “Wow!” sino más como “No encuentro al gato. Dejaste salir al gato. Ve y busca al gato”.

Hace poco un seguidor de twitter me confesó que me admiraba. Me extrañó esta confesión de alguien que en realidad no me conoce. Sólo veía la historia perfeccionada, la mejor versión de mí mismo que proyecto en las redes sociales. ¿Cuál fue mi respuesta? Comportarme como un completo idiota con la persona hasta que cambió su forma de pensar. Quizás no me sentía merecedor de su admiración.

A pesar de todo lo que haga o deje de hacer, algunas personas me elevarán más allá de mi posición. Me ven teniendo una vida perfecta o teniéndolo todo bajo control. Hay ocasiones en que no hay nada que hacer. Aceptar que eres un superhéroe para algunas personas y que no hay razón para demostrarle que están equivocados. No podemos controlar lo que las otras personas piensen de nosotros. Sólo podemos vivir conscientes de que en ocasiones somos superhéroes y en otras tenemos que salir y buscar al gato.